jueves, octubre 13, 2005

Europa01: Francia, 19 años después...

Sigo escribiendo para no olvidar, pero no voy a escribir todo porque no acabaría y sería un blog bien aburrido. Ya tiene mucho tiempo de esto y ya se me están olvidadndo muchas cosas. Para colmo, casi todas la fotos que tome en esas semanas se me velaron, ¡me lleva! Lo bueno es que super Pili me va a salvar, nest´ce pas?

México D.F. 27 de agosto, 2003.
5 de la mañana y ya estaba de salida de casa. Ya tenía mi backpack y mi maleta con ropa de invierno. Pesaba como la fregada. Mal plan. Fui a ver a mi hermano pero el muy güey estaba en el quinto sueño así que no me pude despedir de él. Incluso varios meses después eso me entristecía. Mis padres me llevaron al aeropuerto. Desayunamos en el restaurante Flaps que está a un lado de las salidas internacionales. Cuando me despedí de mi mamá me dio una pena enorme, cómo me dolió. Mi papá como que lo tomó más a la ligera, en fin, no importa, yo sabía que me extrañaría.Me fui a comprar unos recuerdo mexicanos, varios, para regalar por allí y para tía Queta, quien me iba a alojar unos días en su casa. Tenía los ojos bien rojos y me daba vergüenza con la vendedora. Me trepé al avión y con lo que me quedaba de crédito le envié mensajitos a mis amigos, que por cierto ninguno me fue a dejar, mucho trabajo. Esperaba al menos ver a Chío.

Salió el vuelo de United Airlines haciendo escala en Chicago, y así iniciaba mi 2ª cruzada personal. La 1ª había sido bastante exitosa y esta vez quería aprender muchas cosas también, pero tenía un chorro de miedo. No había podido dormir bien y las pocas veces que lo hacía tenía pesadillas.
En la fila de 3 asientos donde estaba a mí me tocó en medio, que la ching.., del lado de la ventana había un chico y del otro lado una chava, guapita. Al principio me dió penilla pero después ya hablamos un rato. Se llamaba Alejandra, buena onda. Trabajaba para una empresa de autos y tenía una reunión de trabajo en Chicago. Vivía por el estadio Azteca y me decía que quería ir de vacaciones a Paris en unas semanas. Le dijé que iba a estar estudiando allí así que intercambiamos correos y quedamos de vernos. Nunca nos escribimos pero lo que ocurrió semanas después fue bastante cagado.
Al fin llegamos a Chicago. Después de llenar una formas migratorias (bastante raras por cierto, había preguntas como: ¿es usted terroristas? ¿ha participado con grupos antiyanquis? No me imagino a un güey terrorista contestando estúpidamente esas formas).
Desde arriba pudimos ver un poco de Chicago, que bonito es. Y el aeropuerto enorme. Cómo siempre, cuando llegas a E.U. en lugar de decirte “disfrute su estancia” o algo así, te miran con cara de pocos amigos y te preguntan “¿adonde va?” “¿a que vienes a E.U.?”.

-Yo sólo estoy de paso, ¿eh? Yo voy a Paris.

Ni siquiera me miraron la maldita visa. (Unos meses antes, el gobierno de E.U. hizo obligatorio a todos los que pasan por su territorio tener una pendeja visa de tránsito, que cuesta una lana y si no la tienes; no pasas, aunque vayas a China o a la ching…, eso sí, los europeos están exentos de la visa, aunque muchos terroristas vienen precisamente de Europa, ¡que ilógico!)
Cómo ya estoy acostumbrado me valió madres. En realidad me gusta mucho ir a E.U. pero son tan payasos en la frontera… ughh.

Salió el avión que me llevó toda la noche a la querida Francia. No podía dormir pero a la mañana siguiente, me emocionó mucho ver por la ventana París, y la torre Eiffel. ¡Qué feliz! Después de 19 años regresaba a París, la ciudad donde había pasado 3 y medio años. La ciudad de mis primeros recuerdos, porque en mi memoria de niño no existía nada, no había nada antes París.

París. 28 de agosto, 2003.


Bajamos todos y entramos al aeropuerto Charles de GaulLe. Lo recordaba bien, todo blanco, con sus tuneles de vidrio y sus escaleras que se entrecruzan en un patio circular. Esta vez en la aduana ni me dijeron nada, de hecho yo tuve que pedir que me sellaran el pasaporte de entrada a Europa si no me iba a meter en un problema al tramitar mi residencia en Madrid.

Tía Henrriette ya me estaba esperando con un pariente lejano, un viejito. Estaba muy cambiada de la última vez que la ví pero no estaba tan viejita como esperaba. Se veía y aún se ve bastante bien. El pariente muy buena onda, había venido en su coche por mi con mi tía. Un aliviane porque el taxi cuesta una fortuna y en metro estaba de flojera. Hablamos bien animados en el trayecto. Por el periférico se puede ver a lo lejos un poco de la ciudad. Montmarte, que es un cerrito que tiene en la cima una hermosa basílica blanca estilo bizantino, que se ve desde bien lejos.

Total que fuimos hasta Evreux, donde me iba a hospedar un tiempo. Los bosques de las orilla estaban secos y parece que hubo unos incendios. Todo se debía a la canícula (onda de calor) de ese verano. Había hecho tanto calor que una gran cantidad de ancianos habían muerto en sus camas deshidratados, asfixiados o por debilidad extrema. Muchos de ellos porque estaban abandonados por sus familias. Incluso hubo casos de personas que ni se enteraron que sus padres o abuelos habían muerto porque estaban de vacaciones. Hasta la fecha, es una de las grandes vergüenzas por las que pasó Francia.

Al fin, el pariente nos dejó en casa de tía. Me instalé en el cuarto que ocuparon mis primos. Y dormí como chango. Cuando desperté, me asusté muchísimo porque no reconocía el lugar, y menos de noche. Me embargo una nostalgia aterradora. Más cuando al sacar mis cosas encontré una foto de mamá. Que horribles sensaciones, y así iba a estar durante un año. En un lugar que aunque amaba mucho era extraño para mí. Lo bueno es que estaba mi tía, que me consintió un buen.Al otro día paseamos por Evreux, un pueblito típico de Normandía bien chido. Hay una catedral gótica típica, Notre Dame D´Evreux, que es alta y su piedra negra. Un simpático río atraviesa la ciudad y sus casa del centro son las clásicas europeas de techo de dos aguas, y paredes blancas o terracota con columnas de madera en forma de X. Ello hacía contraste con edificios modernos y coches chidos.

Mi tía había dado hasta allá por varias razones. En realidad ella es estadounidense. Se crió en Chihuahua y luego en Texas. Allí trabajó y luego la trasladaron a una base aérea en Normandía. Aquí conoció a un franchute con quién después de casó y tuvo dos hijos. Pero el franchute era bien cabrón y se fue por ahi. Y mi tía se quedó en Francia a criar a mis primos sola y sin plata. Pero todo el mal siempre se paga porque el franchute tuvo un accidente y peló años más tarde.

Al otro día le pedí a tía que fuéramos a París, creo que la pobre no tenía ni ganas, pero es que la primera vez no quería ir sólo y estaba totalmente sacado de onda. Cuando fuimos a comprar los billet, boletos de tren, no entendí ni m… nada de lo que decía el vendedor. Según yo, tenía un nivel de francés aceptable pero la verdad es que no me enteraba de nada. ¡Pinche iluso! En los días siguientes sufrí mucho por ello. Había olvidado que los franceses son super orgullosos de su lengua.El viaje en tren es de una hora. El paisaje es chidísimo, muchos autores lo han descrito o pintado en sus obras. Hay muchos pueblillos antes de llegar a París, y poco a poco se descubren los típicos departamentos de los parigot (el apódo de los franceses) con su estilo clásico de mediados de siglo XIX, no sé como se llama, tan copiado por Porfirio Díaz durante la dictadura.

Después al llegar a la estación Saint-Lazare entras por debajo del nivel de suelo de la ciudad, está medio gacho, y llegas a la estación que es de aquellas cuando aún se hacían de acero, legado de la revolución industrial, con sus altos techos metalizados y brumosos. ¡Que emoción, estaba en París otra vez!

3 comentarios:

Fabrizio dijo...

El frances es complicado, yo se que tu lo aprendiste de niño pero no obstante tiende a olvidarse por la poca practica del idioma y si es desesperante no entender nada.

marco_099 dijo...

Muy desesperante, y más si el cuate con el que hablas es árabe, o africano. Además los parisinos se desesperan bien pronto si no entienden, y luego uno se pone más nervioso. Son bien gachos... pero ya cuando les dices que eres mexicano (o latinoamericano, no americano porque creerán que eres de E.U., pero eso es otra discusión aunque la diferencia me parece odiosa) les cambia la cara a una más agradable.

Anónimo dijo...

Que onda Marco como que no te despedimos fuimos a cenar el día anterior con motivo de tu despedida. Ja ja

Saludos, Ir al aeropuerto si estaría de hueva ja ja no es cierto. Pero bueno te mandamos un buen de e-mails pero nunca respondiste.....
Saludos Felipe